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Especialistas en Psiquiatría Infantil confían en los avances genéticos y farmacológicos para curar, en un futuro, enfermedades como la hiperactividad. Ana J.

 



Más de medio centenar de expertos han participado en un curso sobre Práctica Clínica en Psicofarmacología Infanto-Juvenil ",celebrado en la Policlínica de Guipúzcoa.

San Sebastián.- La hiperactividad y la ansiedad siguen siendo los trastornos más frecuente entre los niños y adolescentes ya que afectan aproximadamente al 4% de los pequeños. Del mismo modo existen enfermedades de la alimentación en adolescentes (anorexia nerviosa y bulimia), y enfermedades más clásicas, que normalmente tienen las personas mayores, pero que se inician en la infancia.

Y es que más de cien especialistas del Estado y también internacionales -entre los que se encontraba el investigador colombiano Boris Birmaher, profesor del departamento de Psiquiatría infantil y del Adolescente de la Universidad de Pittsburgh en EE.UU- han intervenido en un curso sobre "Práctica clínica en Psicofarmacología Infanto-Juvenil", en la Policlínica Guipúzcoa.

Muestran su esperanza en los avances genéticos y en los farmacológicos que, podrían curar en el futuro enfermedades como la hiperactividad: "Tienden a curarse; por línea general, un tercio mejora completamente,otro tercio mantiene algún síntoma y el tercio restante no se cura".

En un futuro están convencidos de que tendrán solución completa. Sobre todo "cuando se conozca su etiología y se fabriquen medicamentos más eficaces. Pero habrá que esperar unos años, entre 10 y 15. Pero lo que es cierto es que el avance genético permitirá modificar la expresión genética evitando transmitirlo a otros". 
En cuanto a la etiología más común de estas enfermedades, subrayaron, la genética y también el ambiente.

Así, por ejemplo, la diabetes en parte genética, aunque si una persona se cuida tal vez nunca llegue a padecerla. "Con las enfermedades psiquiátricas sucede lo mismo; hay determinados ambientes que hacen que la patología aparezca en niños que ya están predispuestos: si viven en un ambiente estresante.

Los síntomas más comunes para identificar si un niño sufre una depresión, -añaden los expertos- es observar si el pequeño está contento o, si, por el contrario, persisten en él síntomas de melancolía o está irritable o no se puede concentrar en los estudios, al tiempo que pierde apetito, sueño o motivación por las cosas que antes le gustaban. "Si contemplan en los pequeños estas características , tanto padres como madres y educadores, deben de comenzar a preocuparse y llevara al niño a un especialista"

Enviado por AnaJ
 

 

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 Actualizada el
20/04/2008