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Experiencia de Yuri. Regreso de Ucrania. Relatos, comentarios y más...

 

 

Quien no me conozca en la Lista, brevemente contaré que fui hacia Ucrania el pasado 28 de julio para pasar la última prueba de fuego del proceso de adopción.

Bueno, y ahora, para todos intentaré sintetizar mi aventura ucraniana.

Llegué, como he dicho, el sábado 28 de julio a Kiev (o lo que es lo mismo, el Domingo 29 a eso de las 00.30 horas creo recordar-, porque el avión sale de Barcelona sobre las 20.30 horas y llega a Kiev 3 horas y 25 minutos más tarde que, junto con el cambio de hora, 1 hora más- más los atrasos de siempre, dan las 00.30 horas, más o menos). Bien, en mi caso dormí mis dos primeras noches en un hotel que está a 5 minutos caminando desde el aeropuerto. La habitación cuesta al cambio sobre las 4.000 pesetas la noche y el hotel viene a ser de 3 estrellas y está bastante bien; aunque, en verano, el calor es sofocante en Ucrania y dicho hotel tiene aire acondicionado sólo en el Hall y en el Comedor, pero no en las habitaciones individuales de 4.000 pesetas. En fin yo, particularmente, recomiendo este hotel por el precio y porque cuando sales del aeropuerto tras recoger el pasaje y pasar por el control de pasaportes, ya te han dado la 01.00 de la mañana. Y desde el aeropuerto hasta Kiev capital hay un buen trozo y, además, me han dicho que los hoteles son carísimos.

Domingo 29 de julio: nada que hacer por razones obvias. Fui con el Sr. Forti y mi traductora, Larisa, a visitar Kiev, ciudad, por cierto, que me resultó bonita y gigantesca-. La tarde la pasamos en un café situado en la calle principal cuyo nombre no es que no me acuerde sino es que me fue imposible aprenderlo. Bueno, como soy soltero, me permito decir que las mujeres en Kiev son guapisimas y tienen unas piernas increibles.

Lunes 30 de julio: dejamos el hotel del aeropuerto y al centro de Kiev a trabajar (que para eso estamos). Primero de todo, me toca comprar un gigantesco ramo de flores antes de ir al Centro de Adopciones, ya que
parece ser que a la Madame que rige el referido le encantan las mismas. Claro, esto puede parecer una tontería, pero a mí me hizo poca gracia pasear por las calles de Kiev con ese pedazo de ramo de flores -que pesaba como un condenado- y luego entrar en el Centro de Adopciones, hacer cola, ir como soltero, y que todo el mundo te mirara a ti y al ramo de marras. Es más, estaba conmigo el Sr. Forti y muy educadamente le dije que se separara de mí porque los dos hombres, y yo con el ramo, dabamos una imagen de película. Él se rió y así lo hicimos. Pero bueno, todo por el niño. Tras hacer cola, me toca entrar en el despacho de la
Directora. Nada, ni una sola pregunta. Me dio la mano, sonrió y cogió su ramito de flores. Salimos otra vez al pasillo y me toca esperar casi dos horas hasta que entro en una habitación donde me enseñan un expediente lleno de fichas de niños con sus correspondientes fotografías-carnet cosidas a las mismas. Elegimos unas seis fichas. Más papeleo. Comemos. Más papeleo y por la tarde partimos a la ciudad de destino Vinnitzia (a 350 kilometros de Kiev). Llegamos sobre las 8 de la tarde. Me alojo en un apartamento con el Sr. Forti mientras que
Larisa, que está en su ciudad, lógicamente se va a su propia casa, un gasto menos, que se agradece-. Cenamos y a esperar el ansiado día en que teóricamente he de conocer a mi futuro hijo, previa elección del mismo-.

Martes 31 de julio: madrugón que te crió y hacia el orfanato, situado en un pueblecito a unos 60 kilometros de Vinnitzia. Papeleo en el pueblecito (no me pregunteis el nombre porque es innombrable) y nos dirigimos al orfanato. Allí conozco a la directora quien expide el correspondiente permiso para ir al orfanato de verano donde se hallan los niños y poder así conocer a mi hijo. Bueno, y por fin, llegamos al orfanato de verano donde llegando ya empiezas a ver las siluetas de numerosos niños jugando en los jardines del orfanato. El corazón se
acelera y las emociones son indescriptibles. Bajamos del taxi y entramos en el jardín. La directora nos acompaña. Los niños, que no son tontos, vienen a recibirnos. Hablan con la directora y me doy cuenta de
que la tienen mucho cariño y afecto; lo cual me reconforta. De pronto,todos se quieren agarrar a mis manos. Todos me hablan y yo, por supuesto, no entiendo nada y soy incapaz de decir nada pués llevo un nudo marinero en mi estómago. El Sr. Forti también está muy emocionado, y quién no se emociona ante lo que uno ve- y lleva a cuatro niños agarrados a él. Entonces, Larisa, me dice que van a proceder a presentarme uno a uno (y de forma muy discreta) a los niños que yo en Kiev había visto en las fichas. Traen al primero. Lo observo pero no digo nada, pués no quiero herir a nadie. Traen al segundo, lo observo, y muy en voz baja le digo a Larisa si ese niño que me están presentando es adoptable. Asiente con la cabeza. Le indico que no quiero que me traigan a ninguno más. Acabo de decidirme por Vasil. Le preguntan si yo quiero que sea su padre. El niño muy débilmente dice: da, que significa sí. Intento contener emociones y lágrimas. Larisa me dice que lo coja en brazos y le diga algo. Así lo hago. Luego me doy unpaseito por el jardín a solas con él, cogidos de la mano. No sé que
decirle y al final le pregunto: ;Kak Dilá? que en ruso significa ¿cómo estás?; y él me responde jarashó; bien en ruso-. Dos niñas ya un poco creciditas me siguen y descubro que hablan algo de italiano. Yo también lo hablo. Les digo que le pregunten la edad al niño y que si quiere venirse a España conmigo. No continuo porque todos imaginais la respuesta. Tras una hora, abandono el orfanato y me siento el hombre más feliz del mundo. El niño se ha quedado allí pero le hemos prometido que al día siguiente volveríamos. Por la tarde papeleo y más papeleo.

Miércoles 1 de agosto: más taxi y más orfanato. Primero el de invierno (donde no están ahora los niños)para formalizar más papeles. Y viene la sorpresa: me comunican que puedo estar con el niño las 24 horas del día
y sin excepción. Que cuando deba regresar a España que lo devuelva al orfanato. A eso del mediodía vamos al orfanato de verano. Vienen todos los niños a recibirnos otra vez. Entre ellos Vasil. Le doy un beso y nos lo llevamos a Vinnitzia. El niño alucina con todo lo que ve y cuando llega a la ciudad me pregunta por un trolebús y un tranvía que ve pasar. Soy muy feliz. Le compramos ropa nueva (yo no me llevé nada desde España), algún juguete, etc. etc.

Viernes 3 de agosto: el Gran Día (o el día más temido): JUICIO en el pueblecito del niño. Vasil se ha quedado en Vinnitzia, en casa de Larisa, porque la noche anterior estuvo con diarrea &#8211;todo el mundo le daba caramelos y chocolate y el resultado era de esperar- y hemos decidido no ir al juicio con el niño. En menos de 20 minutos el Juez estrecha mi mano y me dice que me ha concedido la adopción. Ahora si que soy el hombre más feliz del mundo. Vuelvo a Vinnitzia y mi hijo duerme como un tronco en la cama de Larisa. Me acuesto junto a él muy emocionado y también me duermo porque la noche anterior, al estar el niño enfermo, no pegué ni ojo. Me despierto; bueno, me despiertan: es Vasil, sonriendo como siempre lo hace, y dándome un beso en la mejilla.
Enseguida se alborota, se pone a jugar, a jugar y a jugar.

Sábado 4 y Domingo 5 de agosto: paso dos estupendo días en el campo junto con Larisa, el niño y un montón de amigos de ella. Comemos, nos bañamos en un lago y me hacen beber vodka para celebrar la adopción. Tomo un vasito para no hacer el feo (a mi me gusta la cerveza; como buen irlandés que soy-) si, sí. Un vasito. Y otro y otro y otro. En fin, tampoco cojo ninguna borrachera porque, además, allí saben beber ya que no paran de comer en todo el día.

Lunes 6 hasta el Martes 14 de agosto: todos los días con el niño, viviendo en Vinnitzia, y conociendo y disfrutando de las costumbres de esa gente.

Y regreso a España el 14 de agosto. El niño se ha quedado en el orfanato hasta que pasen los consabidos 30 días. Pero me voy feliz porque sé que él ha entendido que volveré muy pronto y que no lo he dejado abandonado allí. Tengo billete para el 8 de septiembre y vuelta para el 11 (La Diada de Catalunya). Estoy contando los días, pero ya quedan pocos, muy pocos.

Un fuerte abrazo a todos y ánimo a los que aún no habéis acabado porque
todo llega.

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Hola, soy Yuri

quiero hacer una serie de comentarios adelantándome a posibles preguntas sobre mi viaje a Ucrania, pero ante todo, no os he descrito a mi hijo Vasil: bueno, la edad ya la sabéis: tiene 6 años y medio. El pelo es de un color castaño pero tirando ligeramente a rubio y sus ojos son marrones. Como podéis ver no he elegido el arquetipo ucraniano super rubio (casi tirando a blanco) y ojos azules. Su estatura no os la puedo decir porque no me he entretenido en medirle; si bien, puedo deciros que para su edad le falta algo de altura. Y esto es bastante normal ya queproviniendo de un orfanato no hay muchas más cosas que explicar. Pero bueno, la dieta mediterránea se encargará de hacer el resto (y si sale bajito, bendito sea Dios). Goza de buena salud. Creo que tiene una cierta falta de hierro y otras cosas similares pero, repito, aquí en España se va a enterar de lo que es comer como Dios manda. Es muy cariñoso y risueño (la verdad es que se hace querer); siempre está
preguntándolo todo -suerte tuve de la traductora-; es juguetón, obediente, disciplinado y ordenado. Y esto no lo digo por decirlo: he convivido 14 días con él durante 24 horas al día y todos estos detalles uno empieza a captarlos. Tampoco dice palabrotas: bueno, si las hubiera dicho yo no las habría entendido, pero Larisa, la traductora, ha estado con nosotros todos los días y ha sido ella quien me ha comentado que todavía no le ha oido decir un solo taco (y hemos pasado un montón de horas juntos). Ahora bien, es un niño, y también es  caprichoso y cuando quiere se pone tozudo y testarudo. Pero ahí ya está la mano de cada padre (entiéndase padre y madre) a la hora de llevar estos temas. Yo no soy muy intransigente, pero tampoco le voy a dejar que se suba a la parra. Pongo un ejemplo: el primer día le compré unos cochecitos de juguete y alguna que otra cosa. Bien, el niño muy contento. Al cabo de dos días quería que le compráse más cochecitos y, agarraros, una
bicicleta de las de verdad. Lógicamente no le compré ni una cosa ni la otra (la bicicleta ya llegará aquí); pués bueno, ante mi negativa su respuesta: morros y todo el rato diciendo "ia jachú machina" que quiere decir "quiero los cochecitos". Pero en fin, estas anécdotas no hacen sino que aún le quieras todavía más. Los morros se le pasan al cabo de pocos minutos y ya no te vuelve a insistir en el tema (al menos por ese día). Otro día, íbamos paseando por un gigantesco parque en Vinnitzia junto con Larisa, y él iba en medio de los dos cogido de las manos. Vió a una señora que vendía globos inflados y se le antojó uno. La cuestión és que ese no era  momento para globos y le dijimos que no: más morros (eso sí, no me montó ninguna pataleta ni rabieta) y, encima, le hizo un feo a Larisa soltándole su mano, porque al fin y al cabo quien le había dicho que no, había sido Larisa por cuestión de idiomas y, claro, se las cargó ella. Como aquéllo me pareció una descortesía, inmediatamente solté yo mi mano y se quedó sólo, callado y cabizbajo, mientras nosotros avanzabamos por el parque ignorándolo.  Que voy a contaros, no habíamos ni andado 10 metros que levantó la mirada e hizo ademán de ponerse a llorar. Le miré muy seriamente y le dije "niet plachesh" que significa "no llores". Así lo hizo y vino corriendo a nuestro encuentro y el cabreo ya era historia.

Bueno, esto en cuanto a mi hijo.

En cuanto a cómo me ha ido con el despacho Forti, no quiero hacer publicidad de él, pero también sé que me lo váis a preguntar tarde o temprano (algunos ya lo han hecho llamándome a casa). A ver, esto es un tema muy delicado y voy a contestar muy escuetamente: son profesionales y trabajan con seriedad y quien haya leido mi primera carta Regreso de Ucrania que saque sus conclusiones en cuanto a plazos. He oido de gente que ha ido a Ucrania y le ha ido mal, y de gente que en el Foro preguntan por el despacho de Madrid (que imagino se refieren al de Forti). Sólo quiero decir que conmigo han funcionado. Y si alguien tiene dudas de con quien ir, yo, SI ME LO PREGUNTAN, le voy a recomendar al Sr. Forti; y no por nada, no porque fulanito o menganito sean mejores o peores, sino porque no conozco a otros y como a mí me han trabajado bien tanto aquí como allí, pués ¿qué voy a contestar?: la verdad!.

Bueno, por el momento esto es todo. Saludos y buenas noches.
 

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Paso a contaros una serie de detalles de mi viaje a Ucrania para los que estéis a punto de ir:

Cuando el avión aterriza en el aeropuerto de Kiev, antes de poder coger vuestras maletas en las consabidas cintas, deberéis pasar por el control de pasaportes de los sufridos pasajeros. Pués bien, justo frente por frente de donde se hace cola y se exhiben los pasaportes hay como una especie de ventanilla donde deberéis contratar un seguro médico que parece ser es obligatorio. No os asustéis porque vale poco dinero (ahora no recuerdo cuánto dí en dólares, pero fue poco, y el cambio ya me lo dieron en su moneda nacional.). Para que os hagáis una idea, 1 dólar viene a equivaler a unos 5 grimnys -perdón, pero no sé si escribo bien el nombre de su moneda-, por lo que para hacer los cálculos rápidos, tener en mente que un dólar son unas 200 pesetas, por
lo que 5 grimnys son también 200 pesetas. Creo que hay que rellenar un pequeño formulario que está redactado en inglés y debéis manifestar más o menos los días que pensáis estar allí (yo dije un mes, para curarme en salud). Bueno, ¿a qué viene todo esto?, pués viene a que si no sacáis el maldito seguro médico antes de pasar por el control de pasaportes, pués cuando os toque el turno de exhibición del mismo, el agente o policia que te mira de arriba a abajo como si fueras un terrorista, te preguntará en ucraniano por el seguro médico y ocurrirá más o menos lo que a continuación sigue (porque así les pasó a dos españoles que iban delante mío):

1º.- no entenderás ni jota de lo que te está diciendo y  empezarás a ponerte nervioso porque todo el mundo te está mirando y tú no puedes defenderte porque no hablas ruso y el...  policia, que sabe que eres extranjero, no va  poner ni un poquito de su parte para que le entiendas (luego cuando vienen a España nosotros tenemos la obligación de hablar 5 idiomas); 

2.- al final, con malos modos te señalará la consabida ventanilla que os he descrito y acabarás entendiendo que debes ir para allí sin saber para qué; y 

3.- perderás tu turno en la cola que habías estado guardando para exhibir el pasaporte.

La mujer que había en la ventanilla del seguro de marras fué bastante más cortés que el agente de la aduana. Yo le hablé en inglés y ella me respondió en inglés.

Justo cuando sacamos el seguro, llegaron a la cola de exhibición de pasaportes más de cien pasajeros de otro vuelo, por lo que como observaréis, perde el turno a veces es algo importante. 

Bueno, llega el momento en que exhibes tu pasaporte ante un antipático policia que ni te dice buenas noches aunque tú sí lo hagas (y en ruso). Pasas el control y recoges tu maleta. En este paso no encontré incidente alguno remarcable. ¡Ah, bueno!, se me olvidaba; cuando volví a la cola para exhibir el pasaporte y detrás mío se colocaron los cien recién llegados pasajeros, apareció un tío más chulo que un latino de playa de Castelldefels, diciéndome en inglés (a mí y a los otros 2 españoles que antes mencioné) que nos habíamos colado y que fueramos hacia atrás. La sorpresa se la llevó él cuando muy educadamente me pusea discutir en inglés sobre el asunto de habernos colado (que era incierto totalmente) y le dije que ni yo ni los dos españoles que iban delante nos íbamos a ir para atrás. Ahí quedó la cosa.

Una vez tienes tus maletas, pasas por otro control antes de poder salir ya del aeropuerto. Allí deberéis enseñar un formulario en castellano que habréis rellenado en el avión (y que ya os darán las azafatas) y en
el que se manifiesta si lleváis objetos de valor y otras majaderías y,  esto sí es importante, la cantidad de dinero que introducís en el país.
Yo personalmente manifesté que llevaba encima 5.000 dólares. No os preocupéis que no os dirán nada (aunque al principio se quedan sorprendidos de que lleves tanto dinero encima). Me hicieron enseñar los dólares pero no llegaron a contarlos -simplemente los ojearon-. Bueno, la aventura del aeropuerto acaba aquí. El formulario que rellenásteis en el avión NO LO TIREIS (por si acaso) y, además, os darán como una especie de folleto que os sellarán y que también deberéis guardar para cuando salgáis del país (ojo con ese folleto porque parece simple propaganda pero en una de las caras, si os fijáis, vendrán escritos en ucraniano vuestros datos personales). Por tanto: Consejo: guardar todos los papeles que os den en el aeropuerto, por si las moscas.

Por cierto, y ya acabo por hoy, cuando debáis salir del país, hay que volver a rellenar un formulario idéntico al que os dieron las azafatas durante el vuelo de ida y exhibirlo en el primer control de pasaportes que paséis en el aeropuerto. La única pega es que el formulario únicamente lo podréis encontrar en inglés o en ucraniano, pero bueno, es idéntico al primero que rellenásteis antes de entrar en Ucrania. El que no sepa inglés (o el que no encuentre los formularios en inglés - que a veces pasa-) que coja el modelo español y lo calque, introduciendo las modificaciones pertinentes en cuanto a suma de dinero que sacáis ahora del país.

Un último consejo, no se os ocurra comprar antiguedades en Kiev aunque os las ofrezcan a precios de ganga porque luego puede ser que tengáis serios problemas en el aeropuerto para sacarlas de allí y, lo más seguro, es que os las requisarán en interés de la nación.

Bueno, otro día contaré más historias para no dormir.

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Hola soy Yuri,
En la larga espera de este próximo sábado y con el fin de matar el rato y recordar buenos momentos, os cuento alguna cosilla más de los inolvidables días que pasé en Ucrania.

Bueno, habréis leido que se me permitió tener al niño conmigo durante toda mi estancia en Ucrania, es decir, estuvo las 24 horas del día y todos los días a mi lado. Esto me permitió convivir con Vasili de una forma más intensa que lo hubiera sido de haber tenido que ir al orfanato cada día a verlo y sólo durante unas horas (que era lo que yo, antes de ir a Ucrania, tenía entendido que sería así). Es más, como el orfanato estaba a unos 60 Km de Vinnitzia, lo que me habría supuesto una paliza diaria de 120 Km, muy probablemente hubiera adelantado mi vuelta a España y en vez de volver el 14 de agosto (día en el que tenía cerrado el billete) hubiera vuelto el martes anterior, 7 de agosto. 

Al respecto he de decir con toda franqueza que desconozco si ahora es la norma que los padres puedan estar con el niño las 24 horas del día o, si bien, lo mío fue una excepción. Caso de que fuera una excepción, ignoro el por qué de la misma, porque yo no hice nada de nada para poder conseguir que Vasili estuviera todo el rato conmigo. Puede ser que esto ya sea una cuestión particular de cada orfanato y, probablemente, en otros orfanatos no esté permitido lo que a mí se me permitió.

Sea como fuere, el caso es que al estar con él 14 días enteros, en parte he compensado el que no haya podido regresar a España junto a mí el día 14 de agosto; porque mi idea era pasar con el niño los otros 15 días del mes de agosto aquí en Catalunya y de vacaciones. 

En el apartamento en el que estuve todos los días, el niño las 2 primeras noches tuvo que dormir en la misma cama que yo porque el Sr. Forti, que estaba conmigo, dormía en el sofá del comedor. La verdad es que en el apartamento había una sola habitación para dormir y el comedor (amén de la cocina y cuarto de baño, pero el apartamento era acogedor-), con lo que los primeros días, antes de yo tener a Vasili, el Sr. Forti dormía en el sofá del comedor y yo en la habitación. Para eso pagaba yo todos los gastos. Bueno, el caso es que Vasili durmió en mi cama las dos primeras noches. Fueron noches inolvidables. El niño estaba encantado de dormir junto a su padre (y yo también lo estaba).
Lo que me tocó el corazoncillo fue que el niño, cuando nos acostabamos y apagaba la luz, se abrazaba a mí y me daba de vez en cuando algún besito. En la habitación, a oscuras, y notando aquella manita recorriendo mi cara, mi garganta, palpando la nuez, notando su respiración junto a mí y pensando en lo que el niño en esos momentos estaría sintiendo, y luego recibir uno o dos besos dándome las buenas noches, os puedo asegurar que me hizo derramar más de una lágrima. Luego se dormía profundamente. Yo no. Imposible hacerlo. Mi cabeza era un torbellino de ideas, de imágenes y de sentimientos corriendo de un lado al otro. Al final, a eso de las 4 de la mañana me vencía el cansancio y me dormía como un tronco. Dormiamos con la ventana abierta,
porque hacía calor, pero el niño, no sé cómo se las apañaba, acabava cada mañana con toda la sábana envuelta alrededor de él y yo sin nada de nada para taparme.

Las primeras noches, no obstante, también alguna le costó a él dormirse. Recuerdo que, una vez marchado el Sr. Forti de regreso a Italia, yo intenté dormir en el sofá y decidí dejar al niño en la habitación. ¡Ja, ja!; no hubo manera. El niño quería dormir conmigo. Y aquí fue cuando me dí cuenta que el asunto no era un mero capricho suyo. Una noche, una vez él se durmió, me fui a dormir al sofá. La verdad es que hacía mucho calor y el dormir junto a él me ressultaba incómodo porque aunque es pequeñito desprende calor. Yo soy de los que en verano lo pasa fatal a la hora de dormir. En fin, como decía, me levanté sigilosamente y me puse a dormir en el sofá. En el comedor había más ventilación y corría un agradable fresquito por las noches. Sucede que por lo que sea, Vasili se despertó y me encontró a faltar. Me despertó su lloriqueo. Al principio me quedé en el sofá a ver si se callaba pero cuando le oí que me llamaba diciendo: papa. No pude evitar ir al cuarto. Encendí la luz y se abrazó corriendo a mí. Dejó de llorar y sonrió felizmente. Me acosté junto a él y apagué la luz. Volvió a llorar. Entonces entendí que, por los motivos que fueren, al niño le da miedo la oscuridad. Aquella noche al final apagué la luz del cuarto (porque sino yo no iba a pegar ojo) y dejé encendida la del comedor.

Total que tuve que dormir siempre junto a él. Una noche llegamos tarde a casa y el niño se puso a ver la tele junto a mí en el sofá. Pronto se durmió y me dio tanta pena levantarlo y despertarlo que lo que hice fue irme yo a la cama, porque eso sí, dormir los dos en el sofá sí que era del todo imposible. Yo me dormí como una marmota y Vasili se despertó a eso de las 3 y media de la noche. Pero no lloró. Hizo una cosa muy curiosa: y lo sé porque en aquel momento yo por coincidencia estaba despierto-. Le oi despertarse y decir papa; pero sin sobresaltarse demasiado al comprobar que yo no estaba junto a él en el sofá. Se levantó y vino corriendo al cuarto. Yo me hice el dormido. El niño comprovó que yo estaba en la habitación, se dio media vuelta, volvió al
sofá y entonces se trajo a la cama su almohada, la cual colocó con suavidad junto a la mía y, sin despertarme ;eso es lo que él pretendía- , se acostó en la cama y siguió durmiendo abrazado a mí. Imaginé que no lloró porque dentro de lo pequeño que és llegó a entender que lo lógico es dormir en la cama y no en el sofá como él estaba haciendo. No sé, digo yo.

Bien. Las mañanas eran muy divertidas. Yo generalmente me levantaba antes y me aseaba. Él se despertaba y le daba el desayuno y luego le hacía lavarse. Como no llegaba al lababo, lo que hacía era que yo me sentaba en el borde de la bañera y, entonces, él se sentaba sobre mis piernas y así se podía asear. Me miraba como buscando mi aprobación y yo, para jugar, le decía niet,  (no) y él se volvía a lavar la cara. Al final se daba cuenta del cachondeo y se ponía reir. Luego le mojaba un poco el pelo (porque por las mañanas era un desastre) y lo peinaba. Entonces me pedía que lo levantase en brazos porque quería mirarse en el espejo. Y se miraba y se reía al verse junto a mí. Enseguida quería ir a la calle a pasear. Así lo hacíamos. Mi traductora (y amiga) Larisa nos venía a buscar cada día sobre las 11 ó 12 de la mañana. Mientras tanto paseaba con Vasili por un parque que hay en Vinnitzia que es gigantesco. La verdad es que  era muy agradable porque al niño le gusta caminar y ver todas las cosas (no me extraña tras tantos años en un orfanato).

A la hora de comer pués lo hacíamos en cualquier restaurante (son baratos) o en casa de Larisa. La comida a mí me gustó mucho. Considero que en Ucrania no se come mal. Pero, claro, eso ya es cuestión de gustos. El niño come bien y casi todo. Le gusta la sopa, la verdura, la carne, etc. etc. Creo que aquí no voy a tener problemas en ese aspecto. Si alguna vez le compraba algo de chocolate, lo primero que hacía era ofrecerme a mí un poco antes de que él lo probara. En fin, cosas que me sorprendían mucho (por lo menos a mí).

Por las tardes ibamos a casa de amigos de Larisa, o a navegar en el río que hay en Vinnitzia (que es gigantesco), o a visitar a los padres de Larisa, quienes viven en el campo y tienen conejos, gallinas, cabras y
otros animales domésticos. Al niño le encantaban. Pero es un poco miedoso.

Bueno, y así gasté uno a uno los días que pasé en Ucrania. Ahora estoy esperando impacientemente a que llegue este sábado.  Corto ya. Prometo que mi próxima carta será una vez esté Vasili aquí en Terrassa.

Besos a todos.
 

COMENTARIOS Y ANÉCDOTAS

Ahí van más comentarios y opiniones sobre mi viaje a Ucrania.

El día que vayáis al Centro de Adopciones en Kiev, para teóricamente ir cerrando el círculo sobre la elección de vuestro futuro hijo/a, armaros de paciencia. Yo fuí el día 30 de julio (que era lunes) por la mañana y nada más entrar no os desaniméis por el aspecto de dejadez y abandono del edificio -eso es lo de menos-. Por norma, según me comentó el Sr. Forti, te sueles encontrar una cola de caballo de gente (parejas) que están allí por los mismos motivos que los tuyos. Yo, personalmente, no encontré demasiada gente (sería que estabamos a punto de empezar)

 

SEGUIRÁ.... 

de momento unas fotos para hacer boca...

 

 

Seis meses después...

Hace meses que me he desconectado del mundo activo del chat de todos los que hemos adoptado en Ucrania o estáis en trámite de hacerlo. La verdad es que no he tenido tiempo para participar aunque sigo leyendo los comentarios e historias que escribís.

Como muy bien sabéis llegue a Barcelona de regreso de Ucrania el día 11 de septiembre de 2001 (inolvidable día para mí, inolvidable día para el resto del mundo) con mi hijo Vasil-Yuri. Hoy, día 11 de marzo, ya han pasado justo 6 meses desde entonces –medio año; casi nada-. Verdaderamente el tiempo vuela y cuando miro las fotos que tomé en Ucrania parece que ya ha pasado una eternidad desde entonces.

Vuelvo a tomar iniciativa activa porque quiero contar un poco cómo ha cambiado mi vida en estos últimos meses y cómo ha cambiado la de mi hijo y lo que él ha cambiado.

Bueno, bueno; ¿por dónde empezar?. Hay tanto que explicar!. Bien, mi hijo está estupendamente estupendo. Goza de una salud sana, como la de la mayoría de los niños de su edad y, por supuesto, ya habla castellano y catalán sin problemas. Cierto es que lo entiende casi todo y, no obstante, pues tiene sus problemillas para distinguir el uno del otro y no mezclarlos y, lógicamente, me conjuga mal los verbos y no domina el aún el empleo correcto de los tiempos pasado y futuro de los mismos. Por otro lado he logrado que no olvide su idioma original y dos veces por semana se va un par de horas por las tardes con una mujer nativa de Rusia y lo único que hacen es hablar en ruso. Yo por mi parte, desde que empecé a estudiar algo de ruso, cada vez me he ido enganchando más al idioma y ahora lo puedo hablar un poquito. Desde el primer día que llegué a Barcelona siempre he sido muy respetuoso con el idioma de Vasil y he pensado que sería bueno que no lo perdiera porque en un futuro le puede llegar a ser de gran utilidad. Por ejemplo, hasta el día de hoy aún nunca le he dicho al niño "buenos días" en castellano. Siempre se lo digo en ruso. Y cuando le pregunto cómo está, o si quiere esto o lo otro, etc. etc, siempre lo hago en mi limitado ruso. El niño, además, me ve casi a diario estudiar por las noches ruso en casa y yo le hago participar de éllo de forma que consigo que su mente vea positivamente que el idioma ruso es algo bueno que él conoce y que no debe olvidar. Es bien fácil. Todos los hijos suelen hacer e imitar lo que hacen los padres. En esto le llevo ventaja e inconscientemente le estoy inculcando el estudio de esa lengua y el respeto de la misma. Cuando sea más grande que haga lo que quiera al respecto y si no quiere seguir estudiando ruso lógicamente no lo hará, pero, probablemente, esto no sucederá y el tiempo me dará la razón.

Por cierto, en cuanto al idioma, los que estéis a punto de adoptar o lo hayáis hecho hace poco, iréis descubriendo lo maravillososo que es ver la evolución que hacen con el aprendizaje de la nueva lengua (claro que me refiero a si el niño/a está ya en fase de poder articular palabra alguna). No te das ni cuenta y cada día te va a decir palabras nuevas y, cada vez más, va a entender mejor las cosas que se le están diciendo. En esto tengo que decir que la escolarización del infante es una ayuda colosal en esta tarea.

En cuanto a la salud se refiere, pocas semanas tras llegar le llevé al pediatra. La verdad es que al niño ya se le veía bien de salud por lo que no tuve prisa en este aspecto. El pediatra confirmó su buen estado de salud, y las pocas carencias que traía consigo, la dieta mediterránea se encargará de corregirlas. Lo único que tiene Vasil es un desarrollo un poco atrasado de su edad ósea; es decir, ésta y la biológica no coinciden y existe una diferencia de casi 2 años. Las radiografias que le han hecho (placas en la muñeca) le confieren la edad de un niño de 5 años y no de 7 como realmente tiene. Al principio se me planteó la duda de si realmente el niño tenía siete años o, verdaderamente –tal y como decían las radiografías-, tenía cinco (lo cual por otro lado me hubiera dado absolutamente igual). El médico que hizo las radiografías me afirmó que el niño tenía cinco años. Pero el pediatra, más cauto, me dijo que la edad ósea y la biológica no tenían porqué coincidir siempre y que él no era la primera vez que veía dicha disintonía en niños de aquí. No obstante estudió en profundidad el tema y hace pocas semanas me ha confirmado que no existen dudas razonables para pensar que Vasil no tenga la edad que los papeles dicen tener. Él ha consultado el tema con otros colegas suyos y todos han manifestado que si verdaderamente el niño tuviera 5 años y no 7, no podría, por ejemplo, estar siguiendo el nivel de la clase a la que va en el colegio (1º) ya que la diferencia intelectual entre un niño de 5 y otro de 7 es abismal. Por otra parte ven al niño muy despierto y espabilado como para que tenga 5 años. La conclusión del pediatra es que, por los motivos que sean, no hay identidad de edades en el niño –ósea y biológica- y que, con seguridad, ello ha sido motivado por las deficiencias que Vasil ha sufrido en Ucrania (falta de comida rica en calcio, hierro, minerales, etc.). En Julio de este año volverán a hacerle una revisión médica y, si llega el caso, tomarán medidas médicas para corregir esa falta de desarrollo óseo (hormonas de crecimiento, por ejemplo).

No voy a profundizar más en este tema. Para mí goza de una salud envidiable y si tiene 5 años en vez de 7 me da absolutamente igual. Y si tiene un desarrollo óseo inferior al que por su edad habría de corresponderle pués también me da igual e imagino que la alimentación española corregirá ese problemilla. Y si el niño sale bajito pués que sea bajito, y a otra cosa mariposa.

En cuanto a la adaptación de Vasil hacia mí y viceversa, no voy a decir que todo haya sido un camino de rosas. Probablemente él no ha tenido ningún problema porque su actitud encantadora que mostró desde el primer día que le conocí en Vinnitza no ha cambiado en absoluto y sigue siendo la misma o, incluso, mayor si cabe. No así puedo hablar respecto a mí. Los primeros 2 meses fueron una mezcla entre días azules y grises –más azules que grises-. Ciertamente soy consciente que aquí influye mucho el hecho de que sea soltero y, lógicamente, la tarea de cuidar y educar al niño se ve multiplicada por dos. Bien, los días azules no voy a describirlos porque uno se los imagina. Los grises no es que hayan sido tan grises como un día de otoño, pero han habido días que la adopción se me ha hecho una montaña y que por la mente te ha pasado la pregunta típica de dónde uno se ha metido. Es cierto que uno adopta porque quiere tener a un niño/a y yo de ello era muy consciente, como también tenía muy claro que no todos los días serían fáciles. Pero todo esto uno simplemente lo piensa y lo valora. Cuando ya has adoptado, de repente, una buena mañana, aparecen aquellos problemas que un día simplemente uno pensó y valoró. Ahora son realidad. Y esto suele pasar los primeros 2 ó 3 meses. Yo como persona soltera gozaba de una libertad absoluta a mis 34 años (ahora ya 35) y ahora uno ya no la tiene como antes; y esto es inevitable que alguna vez te ronde en la cabeza más cuando uno tiene un carácter bastante temperamental como el mío. Ahora, seis mese después, las cosas han cambiado. Si antes amaba a Vasil ahora lo idolatro y no pasa un instante, cuando estoy en el trabajo, que me viene a mis pensamientos y trato de imaginar que estará haciendo mi "ratoncito" en el colegio en ese momento. Ansío con locura que llegue el fin de semana para poder estar con él las 24 horas.

En cuanto a él se refiere, su adaptación ha sido fenomenal. También aquí uno se maravilla de cómo va cambiando y mejorando día a día. Cuando llegamos a España, las primeras noches se levantaba a eso de las 2 de la mañana y venía a mi cuarto a comprobar si yo me hallaba en él. Me despertaba llamándome "papa" y luego se metía en mi cama hecho un ovillo y acurrucándose junto a mí. ¿Qué le iba a decir?. Me sentía incapaz de hacerle volver solo a su cuarto así que le dejaba que durmiera el resto de la noche conmigo. Bien es cierto que esto tampoco lo hacía todas las noches. Y por las mañanas, despertarle y verle sonreir, amigos míos, eso no tiene precio. Bendito sea el día que decidí adoptarle. Su rostro irradia tal felicidad que es imposible el no contagiarse de ella. Cuando lo ducho en el cuarto de baño es un terremoto y se lo pasa bomba; y cuando lo estás secando ríe y ríe y te da besitos y te dice "guapo" y lo contento que está con su papá.

Los sábados por la mañana se viene a mi cama y se pone a hablar y no para de hacerlo. Hay días que empieza a hablarte de cuando vivía en Ucrania y de sus amigos que dejó en el internado. Cuando ve las fotos que allí hice (tengo una que salen muchos de los niños del orfanato) aún hoy se sabe decir uno por uno los nombres de sus amiguitos. Le he prometido que este verano iremos una semanita a Ucrania y le llevaré a ver a sus amigos. ¡No, no os preocupéis!, quienes estéis pensado que tal vez el niño piense que vuelvo a Ucrania para dejarlo allí y que la idea no sea del todo acertada. Vasil sabe que yo nunca le haría eso y él se muere de ganas por volver para poder saludarles. En este tema tengo que hablar con mi buena amiga Larisa (la traductora que me ayudó infinitamente en Ucrania) para ver si podemos coincidir.

Bueno, no sé que más por el momento puedo contaros. Me despido con un fuerte abrazo y para quienes me conozcáis, deciros que estoy fenomenal, que me encuentro muy bien y que, como se suele decir en estos casos, soy el padre más feliz del mundo.

Volveré a escribir. Saludos.


 

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 Actualizada el
20/04/2008