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Experiencia de Nacho.

 

 

Os relato mi experiencia en Ucrania, después de estar cuatro meses con mi hijo aqui en España.

Al igual que me animaron el animo las experiencias de otros que pasaron por ello antes que yo contaban, yo me he animado a contar mi experiencia para animar a todos los chicos y chicas solteros que estan embarcados en esta gran empresa.

El viaje


Llego el día de Septiembre tan esperado, por fin. Esa noche no dormí casi nada. Cuando llegue al aeropuerto me encontré con un matrimonio que también se dirigía a Ucrania para adoptar a un pequeño.
Cuando llegue al mostrador de embarque me encontré a un conocido, quien me deseó lo mejor, aquello presagiaba buenas cosas, pensé.

El vuelo fue perfecto y en algún momento se me hizo un poco lento, ya que estaba deseando llegar a Kiev. Un cumulo de ideas, pensamientos, ilusiones rebotaban en mi cabeza, y en ese momento solo tenia un deseo, el de pisar suelo Ucraniano.

Al aterrizar y tras los aplausos del pasaje, los nervios afloraron al máximo.

Después de recoger el equipaje, pasar por el control de aduana y rellenar los formularios, pasé por otro control, el último. El funcionario me solicitaba el dinero que llevaba en metálico y que había declarado previamente. Lo hacia en un ingles que no entendía. Yo lo llevaba en un fajín de esos que venden en 'Coronel Tapioca' debajo de la camiseta. El funcionario me requirió insistentemente que le enseñara el dinero, desistiendo de ello en el momento en que vio que empezaba a descamisarme. Detrás de él estaba la puerta donde estaba mi facilitador esperándome.

Ya era todo real, había emprendido una de las ultimas etapas de esta gran ilusión que había empezado a materializar un año antes.

Las primeras horas en Kiev

Ya era de noche aunque era temprano. El facilitador me mostró, una vez en Kiev, la ciudad por la noche, en su coche, y después de ello probé por primera vez la comida Ucraniana, que a mí me pareció fabulosa en todo momento.

Y después al apartamento, para intentar descansar y tener las ideas tranquilas, ya que al día siguiente tenía la cita en el Centro de Adopciones.

La cita en el Centro de Adopciones

Me desperté cuando salió el sol, porque algo normal en Ucrania es que las ventanas carezcan de persianas. Me puse el traje y prepare los documentos que yo llevaba en una carpeta, como eran las fotocopias de todo el expediente, así como los resultados de los análisis y los informes de los médicos especialistas. Tengo que decir que en ningún momento los necesite.

El Facilitador llamo a la puerta del apartamento y fuimos a desayunar y a comprar una tarjeta para el teléfono móvil que previamente había liberalizado en España.

De camino al Centro de Adopciones pasamos por una Iglesia cercana y puse una velita. Después de un pequeño paseo, cruzar la avenida y ver cerca del C.A. un colegio, pasamos al Centro a de Adopciones que tiene su entrada a través de una especie de patio.

El edificio es un poco antiguo, recordándome algún escenario de alguna película. Subimos a la última planta tras pasar por un pequeño control de identificación a la entrada, y nos sentamos en unas sillas que hay en un pequeño distribuidor junto a las escaleras. A ambos lados dos puertas que desembocaban al famoso pasillo donde se sitúan los despachos de cita y al otro lado una sala donde de vez en cuando entraba y salía gente.

El facilitador paso la puerta y me dijo que me quedara allí sentado hasta que me llamara.

Allí, estaba también esperando el momento de pasar, un matrimonio italiano.

Al cabo de media hora, mi facilitador me llamó y pasamos al famoso pasillo donde están los diferentes despachos, en las paredes fotografías de niños, y al final de él, el despacho donde muestran las fichas de los niños.

Cinco minutos, no más, duro la espera. Cuando llegó el momento de pasar por el umbral de la puerta me encontré un despacho con tres mesas relativamente cercanas, pero que en ningún momento disminuían la intimidad que el acto requería.

Un hombre y dos mujeres son las que estaban detrás de las mesas y cuando me toco pasar, la que estaba vacía era la del hombre.

Se sentó el facilitador, y después me senté yo. Le salude en castellano y él asintió con la cabeza diciendo algo en un tono de voz muy bajito.

El facilitador y él empezaron a hablar preguntándome mi lugar de residencia, empresa donde trabajo y alguna cosa más. Después de ello le acercó al facilitador una ficha de un niño de cinco años donde esta su foto y sus datos. Los médicos en el reverso. La fecha de nacimiento se veía claramente.

Yo no entendía nada de ucraniano, pero entendía que ese era el niño que me estaban ofreciendo visitar y yo hacia fuerza con mis ojos para poder ver su fotografía.

El funcionario se levantó y nos dejó solos a mi facilitador y a mí, y fue cuando mi facilitador me dijo que ese niño es el que me ofrecían visitar. Ya le pude ver bien, ya que cogí la ficha y la vi con mucha atención. Pregunte al facilitador por la salud del pequeño y me dijo que era buena.

Después vi más fichas de una carpeta de color rojo hasta que viniera el funcionario que se había ausentado minutos antes. De allí el facilitador selecciono dos fichas mas, y esperamos un momento a que el funcionario viniese de nuevo.

Traía tres fichas en sus manos, de niños de seis años. Mi facilitador le pregunto por las dos fichas seleccionadas por él de la carpeta y al final fueron de nuevo a la carpeta. Parece que esos niños tenían serios problemas de salud.

Fue entonces cuando le dije 'vamos a ver al niño de la ficha' y en ese momento rellenaron algún documento.

La carita del que seria mi hijo la grabe en mi retina, pero se disolvió a las horas ya que yo estaba algo nervioso.

Al salir a la calle, me sentía muy feliz. Después de comer, mi facilitador me dijo que toda la noche estaríamos de viaje para ir al orfanato situado a 700 kilómetros de Kiev. El tiempo atmosférico se presentaba tormentoso, aunque hacia calor.

La tarde se me hizo eterna. Estaba deseando que llegara la noche para emprender el viaje. No pude descansar nada. Infinidad de pensamientos se me pasaban por mi cabeza y ahora lo único que quería era ver a mi hijo.

Al encuentro

Después de cenar, emprendimos el viaje en un monovolumen hasta la ciudad donde se encontraba mi hijo. El camino se hizo largo. Toda una noche de lluvia por la carretera. Una carretera bastante mala, y muy mal señalizada. A mí me parecía una tarea casi de exploradores el atravesar el País en esas condiciones, lloviendo y de noche.

No pude dormir nada, salvo media hora, no mas, en que el sueño se apodero de mí.

Ya había salido el sol cuando llegamos a la ciudad donde mi hijo me esperaba. Impresionantes chimeneas humeantes e innumerables factorías y siderurgias vi por el camino. Una vez en la ciudad, me adecente un poco y fuimos al orfanato.

Ese momento es, creo, unos en los que he pasado mas nervios en toda mi vida.

Nos bajamos del monovolumen frente al orfanato y tras atravesar un pequeño jardín donde estaban unas estatuas de piedra donde pude identificar a 'babaica', entramos al orfanato. Un minuto más tarde entramos en el despacho de la Directora a la que salude, comentándome ella, que conocía España y que le gusto bastante nuestro País.

Allí estabamos la Directora, una funcionaria del orfanato, mi facilitador, yo, y una tonelada de nervios que aprisionaban mis piernas.

Me hablaron del niño, su salud, su procedencia y circunstancias.

Pregunte por mi hijo y me comentaron que lo estaban preparando. Al cabo de unos minutos lo vi aparecer por la puerta.

Sus ojos abiertos intentando ver a su 'papá' es lo que más me llamó la atención en ese momento. En un principio él no sabía si su papá seria yo o mi facilitador. Yo le mostré un paquetito de galletas y le dijeron en ese momento que yo sería su papá si él quería, y que le traía galletas. Se puso a mi lado y en un abrir y cerrar de ojos devoró el paquetito de galletas.

Cuando terminó de comérselas me llevaron a una habitación con él, donde estuve jugando unos momentos. Vi que el niño estaba sano. Rebosaba vitalidad.

El niño le dijo a mi facilitador, en ucraniano, que le gustaría tener un camión de juguete.

Me despedí de mi hijo diciéndole que volvería al día siguiente para verle.

Después de visitar a mi hijo y todavía con los nervios en las piernas, fuimos a resolver algunos documentos notariales y de otra índole, lo que nos llevo la tarde, y después ir al piso que seria mi residencia mas larga en Ucrania, que me llevaría una semana.

Mi facilitador se fue a Kiev a resolver documentación, mientras yo me asenté en mi nueva residencia.

El conocimiento mutuo

Durante siete días visitaba a mi hijo dos veces al día durante dos horas, que las dedicaba a jugar con él y que sirvieron para empezar a conocernos.

Le mostraba fotografías de su futura habitación y del resto de la casa, de los parques donde jugaría, de los abuelos y resto de familia. Yo le decía que aquello estaba en España, y que estaba lejos, y que tendríamos que montar en avión para ir allí.

Yo le entendía a él y creo que él me entendía a mí. Gestos, miradas y cariño fue el idioma que emplee, aparte del castellano, y que sirvió al 100% para comunicarnos.

Uno de los últimos días, cuando estaba en el orfanato, me indicaron las cuidadoras que podía salir a uno de los parques que tenía el orfanato en su exterior, y el crío tan contento. Allí pude ver a mas niños que estaban con una cuidadora.

Mi hijo se sentía muy, pero que muy orgulloso de tener 'papá', porque él me cogía de la mano y me llevaba hacia ellos como para que me vieran con él. En un momento una niña se me acerco y la acaricie con mi mano en su cabecita y la niña con mucha falta de cariño, se me acurruco. En ese momento, mi hijo, faltándole tiempo se me sentó en mi rodilla y me comió a besos, como haciéndole demostrar a la niña que 'yo era suyo', que yo era su papá y no estaba dispuesto a compartirme. Esa imagen no se me olvidara nunca. En ese momento la cuidadora se dio cuenta y llamo a la niña para que fuera con ella.

Al día siguiente no fui a ver a mi hijo, porque mi facilitador me dijo por la noche que al día siguiente tendríamos el juicio.

La logística.

Todos los días un taxista venia a recogerme y me llevaba a un restaurante donde se comía estupendamente. Yo llamaba a mi facilitador por teléfono, que estaba en Kiev, y le decía lo que quería comer y por teléfono él se lo decía a la camarera. Un sistema que funciona aunque parezca un poco rocambolesco. Vuelvo a repetir que la comida ucraniana es estupenda y no hace falta llevarse nada de España.

El resto de tiempo libre que tenia, lo utilizaba para ir a un ciber-café donde sin ningún problema baje las fotografías que hacia desde mi cámara digital y las mandaba vía e-mail a España, o bien compraba alguna cosa para cenar en el piso.

Antes de acostarme, temprano por cierto, veía un poco la televisión ucraniana, o los canales internacionales que se veían, y aprovechaba para hablar con España.

Quiero decir que después de estar tres semanas en Ucrania, y aunque parezca mentira, y sin saber nada de ucraniano, yo intuía de que se estaba hablando.

El Juicio

La noche anterior al Juicio dormí bastante bien y a la mañana siguiente temprano, nos acercamos a los juzgados que se encontraban en la ciudad. Me encorbaté y me puse el traje que llevaba para este momento y allí en los juzgados, tras esperar media hora aproximadamente, entramos en una sala donde se encontraba el Juez, mi facilitador, un representante del orfanato y la secretaria judicial.

El Juez me hizo unas preguntas que conteste sin titubear y después de media hora mas o menos, el juicio acabo exitosamente, incluyendo la enhorabuena que el Juez me dio. Espere poco tiempo a que pasaran a maquina la sentencia e hicieran las copias pertinentes y acto seguido y sin perder un solo minuto fuimos a realizar el cambio de los datos de la partida de nacimiento de mi hijo y la confección de su pasaporte.

La despedida del orfanato

Al día siguiente, con todos los documentos en regla fuimos a recoger a mi hijo, no sin antes comprar caramelos, golosinas y fruta para los niños del orfanato, y algún detallito para sus cuidadoras y para su directora.

Se estaba vistiendo cuando llegue, y en el momento en que se despedía de ellas, de sus cuidadoras, el reclamó su camión, el camión que le regale y que me pidió el primer día que le vi. Para él es muy importante ese camión. Ha sido el primer juguete completamente suyo.

Una de las cuidadoras lloraba, y al verla yo, se me salto alguna lagrima que pronto quite de mis ojos para que mi hijo no la viera. Era un momento emotivamente tenso e importante. Era el momento de emprender definitivamente una nueva vida.

La Directora me deseo lo mejor para mí y para mi hijo y salimos de allí hacia el coche del facilitador. Yo mire atrás, intentando retener en mi retina la última fotografía del orfanato. El niño, no. Estaba bastante ilusionado porque se iba a montar en un coche.

Después de comer emprendimos el viaje a Kiev, en coche, por la carretera que me llevo a la ciudad donde encontré a mi hijo una semana antes. Para él era todo nuevo. Él hablaba con mi facilitador y después él me lo traducía. El viaje que hice de noche a la ida, ahora lo estaba haciendo con sol, un hermoso sol que iluminaba enormes superficies de girasoles y de cereales.

Mi hijo me hizo una pregunta curiosa y que era que 'si en España había luna y estrellas.'

Últimos días en Kiev

Era de noche cuando llegamos a Kiev. Cenamos un poco de fruta y yogurt y nos acostamos. Esa era la primera noche que mi hijo dormía bajo mi mismo techo, la primera noche que cenábamos juntos y al día siguiente la primera mañana que nos decíamos 'buenos días', le daba un beso, él a mí, y desayunábamos.

El facilitador nos esperaba para mostrarme Kiev, junto a mi hijo. Las cosas que yo veía por primera vez, también las veía mi hijo por primera vez. Fuimos también a la primera Iglesia que visite y en la que deje unas velas, pero ahora con mi hijo. Y aunque parezca una tontería, pase por los sitios que veía desde Madrid a través de las webcam, por Internet. Algo que me parecía entonces muy lejano, se hacia realidad en esos momentos.

Kiev me parece una ciudad hermosa, viva, que no me importara visitar en un futuro.

Estuvimos dos días, domingo y lunes, visitando Kiev. Yendo a parques con el niño, viendo cosas y comprándole ropa.

La ultima noche, mi hijo antes de acostarse, la dedico a hacer sobres con papeles y a meter moneditas en ellos. Hizo tres, que iban a ser sus regalos para los abuelos y su tía. Antes de darme el beso de buenas noches, las metió debajo del almohadón, con mucho cariño, y se acostó. El sabia que al día siguiente iríamos a España y estaba enormemente ilusionado por ello.

De regreso a España

Cumpliéndose el día 15º desde mi llegada a Ucrania, emprendía mi salida del país. Llegue solo y me iba con mi hijo, lleno de ilusiones, con el corazón lleno de gozo y siendo el hombre más feliz que pisa la tierra.

La estancia en Ucrania, muy corta, solo 15 días, pero muy intensa y la recordare toda mi vida con gran alegría.

De madrugada, ese martes, mi facilitador me esperaba con su coche para acercarnos al aeropuerto. Un viaje de retorno, de feliz retorno para España. El facilitador se despidió de nosotros y mi hijo estaba súper contento. Iba a España. Para él eso era algo nuevo. No se lo que de España le habrían contado.

Pasamos, ya en el aeropuerto, por tres controles policiales. Pasar por tres escáner las maletas, junto con el niño y su camión, solos los dos, en algún momento me resulto agobiante, ya que el niño estaba algo inquieto.

Ya en el ultimo control me instan a que les enseñe la documentación del niño, incluido la partida de nacimiento, y la sentencia judicial de adopción, que llevaba en la mochila, por recomendación de mi facilitador. Después de esperar durante diez minutos de pie, y haciendo una cola impresionante, la funcionaria puso el sello de salida a los dos pasaportes, y emprendimos el camino hacia el avión.

El niño alucinaba, y yo antes de que el avión despegara ya estaba deseando llegar a España. Cuatro horas que me parecieron eternas, donde el niño en algún momento se intranquilizo, algo completamente normal. Yo le iba diciendo por donde íbamos. Se lo mostraba en un plano que estaba dibujado en una revista del avión, y él veía los pueblos y montañas por la ventanilla. Cuando estabamos sobrevolando los Pirineos, le comente que ya estabamos en España. El se levanto y se puso de pie en el asiento, y a los niños que venían detrás les decía ¡¡¡¡'Espania, Espania'!!!! con tono de voz alegre y muy contento.

Cuarenta y cinco minutos después estábamos aterrizando en el aeropuerto de Barajas. Tras recoger la maleta y decirle que vería a 'babusca', 'diedusca' y 'tiotia', él cogió de su bolsillo del pantalón los tres sobrecitos que hizo la noche anterior en Ucrania, los cogió fuertemente en su mano y no los soltó en ningún momento.

Yo, con la maleta, en una mano, la mochila a mis espaldas y de la otra mano con mi hijo con su camión y sus monedas no llegaba a ver a mi familia que me estaba esperando. Fueron mis padres y mi hermana los que me vieron y nos comieron a los dos a besos. Mi hijo, muy sereno y en tono pausado les fue dando a cada uno de ellos el sobrecito con las monedas. Era su regalo. En ese momento el regalo verdadero que estaban recibiendo mis padres y hermana era su cariño y amor.

Quince días que nunca olvidare, porque resultaron positivos, porque me traje a mi hijo, y porque me han hecho ser el hombre más feliz de este mundo.

Mi hijo también esta muy feliz. En la actualidad y después de casi cuatro meses de llegar a España es un niño muy alegre, que ya habla español, que tiene amiguitos en el colegio y que se siente muy feliz.

Quiero agradecer a la gran familia de Internet, la ayuda prestada. No quiero decir nombres porque seguro que se me olvida alguno, pero en mi mente estáis todos vosotros.

Gracias por vuestros consejos, Gracias por contar vuestras experiencias, Gracias por vuestros ánimos en los momentos difíciles previos al viaje, Gracias por todo y mucho animo a los que estáis esperando viajar para conocer a vuestro hijo.


Oscar y Nacho

 

 
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 Actualizada el
20/04/2008