Web de los Adoptantes de Ucrania.

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Experiencia de Maite y Josep.

 

 

Hola, Ahora que tengo un ratito voy a explicaros algunas cosas de nuestro viaje, ya que sé que a la gente le gusta leer las experiencias de los que ya hemos adoptado. 

No tengo la "gracia" de Yuri, que nos escribía unas crónicas que nos emocionaban a todos, pero intentaré transmitir lo que vivimos. Nosotros adoptamos en Donestk, la segunda ciudad de Ucrania, a 900 Km de Kiev. Como habíamos viajado con Pau (2,5 años), hicimos el viaje en avión. A la mañana siguiente visitamos el orfanato, de los dos que hay en la ciudad, el que nos tocó me parece que es el que está mejor. Nos recibió el director, un señor muy agradable. Iba vestido con una bata blanca y tuvo que quitársela porqué Pau se pensó que era un médico y se echo a llorar, pero el director se la quitó y le dio un par de caramelos, con lo cuál nos dejo entrevistar con tranquilidad. Sólo nos preguntó si queríamos preguntar alguna cosa antes de conocer personalmente a la niña. Dijimos que no. Estábamos nerviosos por conocerla lo más pronto posible y no se nos ocurría qué preguntar, así que nos la trajeron. Ànnia se asustó un poco al vernos, primero, no y pudimos hacerle una foto (la que os mandamos), pero después se echó a llorar. Creo que se asustó un poco, además tenía sueño. Nos dio un poco de pena y pedimos que le permitiesen dormir su siesta matutina y nosotros pasamos al despacho de la pediatra. La pediatra nos leyó el informe que tenían sobre la niña, el cuál nos pareció bastante completo y aunque algunas de las cosas que nos dijeron parecían inquietantes, cuando nos preguntaron si la queríamos adoptar, dijimos sin pensarlo que sí. Pensamos que una buena alimentación, mucho cariño y ayuda médica si era necesario podrían solucionar cualquier problema. Si ha sido capaz de superar el haber pesado 1,5 Kg al nacer, seguro que podrá superar cualquier tipo de problema. Otra trabajadora del orfanato nos explicó todos los datos que conocían de los progenitores de Ànnia y las circunstancias de su nacimiento y posterior abandono. Yo no podía dejar de pensar en la tristeza que debió sentir la madre que la había llevado tantos meses en su vientre y ahora las circunstancias la obligaban a abandonarla. No me eché a llorar porque estaba delante de desconocidos. Por la tarde volvimos a visitar a nuestra hija. Se comió la merienda antes de que Pau se enterase que era la hora de merendar y, si se descuida, se come la suya. Nunca habíamos visto comer a un niño pequeño con tantas ganas. Pero después se tiró en el suelo y empezó a pegarse cabezazos. ¡Qué pena! Se nos encogió el corazón. A parte de pegarse y balancearse no hacía nada más, ni andaba, ni siquiera gateaba. Nos quedamos preocupados, pero en un par de visitas más, cambió radicalmente. Gateaba con mucha agilidad y empezó a dar sus primeros pasitos. Además no paraba de reír si le decías cosas. Estaba claro que nos estaba adoptando como padres. Y al tercer día, se quedó llorando cuando la dejamos. Las cuidadoras nos miraron como diciendo, mira que pilla. Pero a nosotros nos caía la baba de contentos. Ya nos había conquistado definitivamente el corazón. A los cuatro días de conocerla, ya pudimos llevarla con nosotros. El temido juicio había ido fenomenal y nos dieron sentencia inmediata porqué la niña estaba muy débil. La recogimos en el orfanato antes de ir al aeropuerto para volver a Kiev. Allí estuvimos cinco días conociéndonos y aprendiendo a vivir juntos los cuatro hasta que volvimos a casa. Bueno, no quiero cansaros. Ya sabéis: cualquier cosa que queráis preguntar os la responderemos gustosos. 

Un abrazo, Mercè, Ricard y los dos pequeños (que por suerte están durmiendo la siesta todavía)

Ania en la foto del pasaporte

Llegada de la familia al aeropuerto de Barcelona

La mamá, Pau y Ania

 
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 Actualizada el
20/04/2008