Web de los Adoptantes de Ucrania.

<< Historias

Experiencia de Jose y Ana
 

 

 

Nuestra cita fue el 27 de Mayo 2004. Salimos desde Madrid el día 26 en el vuelo de las 6:30 h. de KLM con llegada a Kiev a las 14:55 h.
Primeras recomendaciones:

  1. No agobiarse con el cambio de euros a dólares mientras preparáis el viaje, en el aeropuerto se hace sin problemas,

  2. Nuestra experiencia con KLM no fue demasiado buena, el cambio de avión en Ámsterdam fue un desastre, la llegada a Kiev aun peor. Cuando llegamos a Kiev nos encontramos sin maletas, nos comentaron que es muy frecuente que se pierdan en el trayecto Ámsterdam – Kiev.

  3. Llevar todos los documentos que necesitéis encima, NO FACTURAR.

  4. Rellenar la tarjeta de inmigración, que reparten en el avión, COMPLETO, tanto los datos de entrada como los de salida. Es importante que llevéis la dirección de donde os vais a hospedar a mano, si no la sabéis usar la dirección del facilitador como lugar de alojamiento en Kiev. Los funcionarios/as del control de pasaportes nos parecieron de lo más antipático, vimos a muchos irse al final de la cola para terminar de rellenar el dichoso impreso; simplemente, porque habían actuado de manera lógica y rellenado a la entrada del país los datos correspondientes.

Es difícil explicar lo que sentí al pisar suelo ucraniano, en ese momento me pregunté ¿que demonios hacemos aquí? lo único que quería era volver a casa. Después de tanto tiempo esperando ese momento, de no haber pensado en otra cosa durante más de un año sino en ir a buscar a mi hija ¿es que no tenia las cosas tan claras como pensaba?. Supongo que tenía miedo. La espera en la cinta de equipajes, la espera en la oficina de equipajes perdidos y la conversación -si se puede llamar así a una mezcla de español-ingles-gestos y maldiciones por lo bajini- con el funcionario de turno me hicieron sentir fatal y mi primera impresión fue que Ucrania era un país de lo más inóspito. El empleado de la oficina de equipajes perdidos –un cuarto minúsculo con 4 mesas dispuestas para aprovechar al máximo el poco espacio disponible y atestado de gente- tuvo la descortesía de hacerme levantar de la silla, cuando ya había llegado mi turno, para atender a otro pasajero que acababa de llegar porque el Sr. había contratado el servicio VIP, yo ya llevaba esperando más de 1 hora. La indignación, la sensación de impotencia y el “mal rollo” en general se me pasó en cuanto pasamos el control de equipajes y nos encontramos con el traductor. No puedo contarles mucho acerca del control de equipajes porque no llevábamos, los impresos los encontráis en la sala de recogida de equipaje, junto a unas columnas, dispuestos sin orden ni concierto. Los hay en español aunque tendréis que rebuscar. No olvidéis que tenéis que conservar el impreso de declaración de aduana para mostrarlo a la salida. De lo que si puedo hablarles es de que con lo puesto podéis aguantar perfectamente 4 días. Además de una mochila con los papeles llevábamos un neceser con las cosas de aseo, Dios aprieta pero no ahoga. Si conocéis a alguien que va a viajar, creo que no es mala idea recoger unos cuantos impresos de control de inmigración y de declaración de aduana y dárselos a la vuelta a España para que así lo tengan preparado cuando aterricen en Kiev. Tener el mayor número posible de cosas controladas da sensación de seguridad y eso se agradece.

La ciudad de Kiev nos gustó mucho y nos sorprendió lo grande que es. Grandes avenidas flanqueadas por árboles de los que, literalmente, llovían semillas. Las calles estaban tapizadas de una “pelusilla” blanca. El paraíso de los alérgicos. Por mencionar algunas de las cosas que más nos llamaron la atención: la estética de la ciudad es totalmente diferente a la que hemos observado en otros países. Apenas veíamos escaparates, ni anuncios que indicaran la presencia de algún comercio, las galerías comerciales parecían estar escondidas en edificios cuyo aspecto externo no hacia sospechar que dentro habían tiendas. No sabría decir si esto se debe al pasado soviético, al clima frío o a que, ya opinaran los expertos. El estado casi ruinoso del exterior de muchos edificios, creo que la mayoría de ellos de apartamentos, contrasta con lo bien cuidado del interior. Nuestro apartamento había sido reformado y decorado recientemente y aunque pequeño resultaba muy cómodo y estaba limpio; eso si, para acceder a el había que teclear una clave en la puerta blindada de entrada al edificio y subir por unas escaleras que no habían visto una escoba en su vida y que amenazaba con venirse abajo. Los coches en Kiev nos parecieron los dueños no sólo de las carreteras sino también de las aceras. No había mucho trafico y las aceras parecían el lugar de aparcamiento preferido. Había mucha gente en la calle y era frecuente ver a pequeños grupos reunidos charlando en las esquinas.

Llegó el gran día, jueves 27 de mayo a las 10:30 h. El C.A. está en la última planta de un edificio al que se accede desde un patio. CUIDADO con el último escalón, es muy traicionero, el paso es más alto que el de los demás escalones y vimos a más de uno irse de boca. Llegamos a la conclusión de que el dichoso escalón era una prueba más en el via crucis de los padres adoptivos. En el rellano de la escalera, frente a la puerta de entrada a las oficinas del C.A., hay unas butacas donde esperas a que el ¿portero? te deje entrar. Pongo la palabra entre interrogantes porque el buen Sr. iba sin ningún tipo de distintivo de su trabajo allí –uniforme, chapita, .......- con camisa y pantalón de diseño, vestido a la ultima moda ucraniana; en esa época, zapatos de punta muy fina y curvada hacia arriba. Cuando nos permitió la entrada (10:15 h) nos encontramos en el famoso pasillo del C.A. con 7 puertas a la izquierda y sillas (no las conté) a la derecha. Antes de entrar en la salita de los “psicólogos”, al fondo a la izquierda –puerta número 316-, nos advirtieron que no era un buen día para encontrar lo que buscábamos, una niña sana entre 1 y 3 años, pero que no tendríamos dificultades para encontrar un varón. El traductor nos recomendó esperar hasta el martes siguiente, si nos empecinábamos en lo de la niña, ya que el domingo era festivo y se trasladaba al lunes; así, contaríamos con las nuevas fichas liberadas durante el fin de semana, el lunes y el martes –curiosamente en Canarias se trasladaba la celebración del día de Canarias del domingo 30 al lunes 31- La explicación del traductor nos pareció razonable así que aceptamos sin discusión, unos días más de espera en cumplir nuestro sueño de ser padres no significaba nada en ese momento. Con la intención de hacer turismo el fin de semana, relajarnos un poco y volver el martes, el traductor nos dijo que a pesar de todo teníamos que hacer uso de nuestra cita y ver los expedientes. El despacho de los psicólogos, preparado para tres personas, estaba ocupado por dos. La Srta. que estaba enferma había sido sustituida por una jaula con periquitos, un ramo de rosas y varias cajas de bombones. Nos interrogaron, muy amablemente, acerca de los motivos por los que queríamos adoptar y el rango de edad y el sexo y nos dieron un archivador para que miráramos las fichas. La traductora pasaba fichas y de cuando en cuando se detenía en alguna y nos daba algún dato del niño en cuestión. Experimenté un cierto alivio cuando me di cuenta que habían retirado las fotografías de algunas fichas y nos explicaron que se trataba de niños que estaban muy enfermos y que las fotografías no resultaban agradables de ver. Algunas fichas tenían pegadas un papelito amarillo que por lo visto actualizaba el informe medico de la ficha. Vistas las fichas y no habiendo elegido ninguna. Tras una conversación entre la traductora y la psicóloga nos pidieron que esperáramos en el pasillo hasta el mediodía porque la directora del C.A. llegaría a esa hora y les darían las fichas correspondientes a niños puestos en adopción ese día. No hay dos historias de adopción iguales pero si que hay algo en común en todas ellas es la PACIENCIA; si hace falta, apuntarse a un curso de yoga o similar antes del viaje. Estuvimos sentados en el dichoso pasillo hasta las 18:00 viendo gente entrar y salir de aquellas puertas, empleados, traductores, familias, etc. El trajín de las puertas era como el camarote de los hermanos Marx. Atención señoras, de la penúltima puerta –número 315- sale, con mucha frecuencia, una empleada que pone en peligro la integridad física de la persona que esté sentada delante de la puerta y la buena relación con su Sr. esposo; me explico, la empleada a la que me refiero es la doble de Dolly Parton, la cantante de country, con la diferencia de que usa un par de tallas más de sujetador, una exageración. Además, la buena señora se había puesto una camisa de encaje blanco que dejaba ver, perfectamente, un precioso sujetador de encaje blanco también transparente. ¿Qué diría mi jefe si yo apareciera así por el trabajo? Bromas aparte, la Sra. llamaba mucho la atención. Como les contaba, a las 18:00 h volvimos al despacho y nos enseñaron varias fichas nuevas, una era de una niña de 16 meses, sana, que estaba en Zhytomyr, muy cerca de Kiev. Aquí empezó la carrera, el traductor arregló todo para que ese mismo día pudiéramos ver a la niña. Fuimos en taxi, el traslado fue fácil porque no teníamos maletas de las que ocuparnos pero el viaje fue horrible. El trayecto lo hicimos en hora y media y llegué a pensar que nuestro destino era perder la vida en Ucrania. El taxista estaba loco, creo que además bebido, y en un momento dado debió quedarse dormido porque sino no me explico como es que de repente vi acercarse peligrosamente la parte de atrás de un camión y como el volantazo que tuvo que dar el delincuente del taxista nos llevó al arcén izquierdo. Después de la entrevista con la Inspectora de Educación fuimos al orfanato donde se nos dio un informe medico detallado de la niña. Yo me había preparado para muchas cosas que me había imaginado que podían ocurrir durante el viaje, las fichas, visitar los orfanatos, no poder traerme a todos los niños, etc, creo que entendéis a lo que me refiero. Para lo que no estaba preparada era para decir que no a un niño. Según el informe medico la niña había sufrido hipoxia durante el parto y aunque la criatura evolucionaba bien y según el scanner no tenia daño cerebral no había garantía de que no presentara problemas posteriores. Estaba en tratamiento y asistía a sesiones de acupuntura para estimular su psicomotricidad. Mi recomendación: ante la duda ni se les ocurra ver al niño. Nosotros cometimos ese error. Nunca olvidare a esa niña y espero que haya encontrado una buena familia que la cuide, todavía se me llenan los ojos de lagrimas cuando la recuerdo. Cuando la vi en brazos de su cuidadora tan pequeña y desvalida sentí que se me rompía algo por dentro y me puse a llorar, tuve que abandonar la sala hasta que me recompuse un poco. Estuvimos con ella durante una media hora, parecía estar bien o por lo menos eso es lo que yo quería creer, aunque de vez en cuando se quedaba parada con la mirada perdida en el vació, la cogí en brazos y mecí durante unos momentos y noté que no estaba acostumbrada y que lo necesitada. Cuando se la llevaron nos preguntaron si íbamos a adoptarla o no. Tengo que decir que nos sentimos un poco presionados y que si os ocurre eso, no lo permitáis, esta decisión es para toda la vida, tomaos el tiempo que haga falta y si el traductor tiene prisa que espere. Llamamos a un pediatra con el que habíamos contactado antes del viaje y le explicamos la situación, su recomendación fue que si podíamos volver al C.A. que lo hiciéramos. Esa misma noche estábamos de vuelta en Kiev. El viaje de vuelta, en lo que se refiere a la conducción, fue mucho más tranquilo. A la salida de la ciudad el taxista se detuvo en su casa para llenar el tanque de gasolina, gasolina que almacenaba en garrafones en su casa, y retirar cualquier distintivo del taxi que lo identificara como tal. La experiencia de Zhytomyr me costo tres días de llanto y la mala conciencia que tendré toda la vida. A pesar de todo, nosotros en nuestra situación, creo que hicimos lo correcto, no estábamos preparados para asumir el riesgo ya sea por cobardía o por egoísmo. Si alguien tiene que enfrentarse a esta misma situación vuelvo a recomendar no ver al niño; es más, si tenéis alguna duda respecto a su salud y evolución posterior y buscáis un niño sano, no lo aceptéis. Se que esto es muy fuerte pero creo que lo más importante que puedo transmitir de nuestra experiencia es esta lección. Hablar con un pediatra en España antes del viaje me parece fundamental, no dejéis de hacerlo. Debéis tener en cuenta que los informes médicos que tiene el C.A. no son tan completos como los del orfanato por lo que es conveniente llamar al orfanato para interesarse por el estado de salud del niño antes de aceptar la “asignación”. Esto no supone ninguna garantía nosotros lo hicimos antes de ir Zhytomyr y nos encontramos con la desagradable sorpresa.
El martes, después de un fin de semana sintiéndonos miserables y sin ganas de hacer nada, volvimos al C.A.. De nuevo la espera en el pasillo y la misma historia, la directora tenía reunión y hasta que no llegara no habían fichas nuevas, puertas que se abren y se cierran, Dolly Parton está un poco más discreta. En ese momento me di cuenta de que la vez anterior, con la cantidad de horas que habíamos pasado allí y habiéndome llamado tanto la atención, no se me había ocurrido contar cuantas puertas había. Sentados allí conocimos a otras familias, novatos como nosotros –un diplomático de la embajada USA y su mujer- y parejas con sus hijos que repetían el viaje. La anécdota del día fue que durante la espera vimos a un empleado que empezó a subir cajas que habían llegado en un camión y que estaba estacionado en el patio. El pobre hombre tenia que subir más de cien cajas y almacenarlas detrás de una de las dichosas puertas. Todos los hombres del pasillo, traductores, facilitadores, padres, futuros padres, incluido el diplomático enchaquetado, decidieron ayudar para así pasar el tiempo hasta que llegara Ella, estuvieron media hora subiendo cajas entre todos y en el pasillo había un cierto ambiente festivo, conversación animada entre las que nos quedamos allí y risas. Ese día La conocimos. Cuando llegó montó en cólera porque Ella no había autorizado el traslado de las cajas e hizo que el pobre funcionario volviera a bajarlas al camión. En el pasillo no se movía ni una mosca, los hombre cabizbajos no sabían que hacer. Fue todo un espectáculo que puso de manifiesto el carácter y el humor que traía Ella de su reunión. Muchos de los que esperaban optaron por marcharse, entre ellos el diplomático, nosotros a seguir sentados y a soportar una mirada de las que matan cuando pasó por nuestro lado a entregar las tan esperadas fichas a los psicólogos. El resto de nuestra estancia en Ucrania –en total 19 días- fue sobre ruedas, nuestra segunda “asignación” fue una niña de 16 meses que estaba en Zaporizhzhya, a 10 horas en tren desde Kiev. Según el informe medico del orfanato la niña tenia anemia y raquitismo. La pediatra nos informó que la niña era muy buena y que estaba sana pero que presentaba el problema de tener la piel oscura. Jose y yo nos miramos extrañados, no entendíamos a que se refería, de camino a conocerla bromeábamos con el hecho de que estábamos en Ucrania y que a lo mejor adoptábamos a un niño de color cuando desde Canarias, África queda a un tiro de piedra. No puedo decir que sentí por nuestra hija lo mismo que cuando vi a la primera niña, no fue indiferencia, pero no me entregué de la misma manera, probablemente me protegía después de la experiencia anterior. Cuando las cuidadoras la llamaron apareció, detrás de una esquina, una niña pequeñita vestida con un buzo de color rojo que no la favorecía en absoluto con una maraca en la mano izquierda. No olvidaré esa imagen nunca, lo que más llamaba la atención de nuestra Ana es esa sonrisa abierta y esos grandes ojazos que tiene. Las cuidadoras le encontraron parecido conmigo desde el primer momento, la cogieron y me la pasaron; mi pobre Ana lloró desconsoladamente. Cuando Jose la cogió en brazos se calmó un poco, a los 5 min. de conocerla y ante la pregunta del traductor PAPÁ contestó que sí, que la adoptábamos. Créanme, no lo hablamos, ni me miró siquiera cuando le respondió al traductor, es la mejor decisión unilateral que ha tomado en su vida. Ana se ha convertido en la luz de nuestras vidas y todos los días doy gracias por lo afortunados que somos al tenerla, es una niña muy buena, risueña, inteligente, come bien, duerme bien; en fin, que puede decir una madre de su hija y papá está que no cabe en si. Os preguntareis ¿qué pasa con su color de piel?, pues bien, pues que es igual que la mía, somos morenas con lo cual sufrirá, como yo, de un tono de piel verdoso durante el invierno y de un precioso bronceado durante el verano. Tengo que decir que en su grupo, entre 25 niños rubios, de ojos azules y blanquitos Ana resultaba de piel oscura. Nuestra impresión del orfanato fue buena, los niños estaban bien atendidos, las cuidadoras eran muy cariñosas con los críos y eso podía verse en su relación con ellas, creo que la alimentación era pobre aunque no insuficiente, faltaba en su dieta fruta y verduras frescas. A Ana le encanta la fruta, tiene un apetito voraz, ha engordado 2.100 g y crecido 7 cm en los casi 5 meses que lleva con nosotros. Durante el tiempo que estuvimos en Zaporizhzhya visitábamos a Ana diariamente y le llevábamos alguna chuchería. Después de 3 días de haberla conocido se me hacia cada vez mas difícil dejarla allí y no veía la hora de volverla a ver y eso que pasaba de mi cuando estábamos con ella y con quien quería estar era con papá. Ahora sufre de “mamitis” y está pegada a mi todo el día, me encanta. Podría estar horas contándoles cosas de mi hija pero eso lo dejo para otro día. En el orfanato coincidimos con 3 matrimonios que adoptaban niños del mismo grupo de Ana, una pareja de americanos, una pareja de italianos y un matrimonio español a los que mando todo mi cariño. En el orfanato había otras familias de estas y de otras nacionalidades. Es curioso la obsesión de españoles y italianos por la comida, durante las visitas nos escondíamos, donde podíamos, para darle de comer a los niños. El juicio se celebró a la semana de nuestra llegada, sentencia inmediata. El juez fue muy amable y resultó ser muy campechano. No les voy a describir la sala del Juzgado, les mandaré una fotografía, una imagen vale más que mil palabras. Celebrado el juicio, y mientras esperábamos a que el traductor terminara con las gestiones en el Juzgado vimos salir al Juez y dirigirse al mercado que está justo al lado. Al poco regreso con un ramo de margaritas y me lo entregó estampándome dos grandes besos. Creo que ese hombre no es conciente del gran regalo que nos hizo, previamente, dándonos a nuestra hija pero igualmente le agradecí el gesto. La adaptación ha sido muy buena, a las dos semanas de llegar a casa empecé a llevar a Ana a la guardería, al principio 2 horas por la mañana, le gusta estar con otros niños y le está ayudando mucho con el lenguaje; además, mientras estuve de baja laboral, ese ratito en la guardería me dejaba algo de tiempo libre, por lo menos para darme una ducha. Antes de tener a Ana, cuando escuchaba a padres de familia protestar por la falta de tiempo yo pensaba que eran pamplinas y que todo era cuestión de organizarse bien ¡que ilusa! son 24 horas al día de dedicación. El día completo ejerciendo de madre y soy feliz.

José y Ana, noviembre 2004.

 

 

Enviar vuestras aportaciones

 Actualizada el
20/04/2008